Papa León XIV recuerda que la Iglesia debe caminar con esperanza hacia el Reino de Dios

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Durante la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro el 6 de mayo de 2026, León XIV profundizó en la dimensión escatológica de la Iglesia a partir de la Constitución dogmática Lumen gentium. El Pontífice explicó que la Iglesia no puede reducirse únicamente a sus estructuras visibles o a las preocupaciones inmediatas de la vida cotidiana, sino que está llamada a vivir orientada hacia la “patria celestial” y hacia el cumplimiento definitivo del Reino de Dios.

El Papa recordó que la Iglesia es el “pueblo de Dios en camino”, cuya misión es anunciar el Reino inaugurado por Cristo: un Reino de amor, justicia y paz. En este contexto, subrayó que la comunidad cristiana vive entre el “ya” del Reino presente en Jesús y el “todavía no” de su plenitud futura. Por ello, la esperanza cristiana no es evasión del mundo, sino una fuerza que impulsa a transformar la realidad y a defender a quienes sufren.

Uno de los puntos centrales de la catequesis fue la afirmación conciliar de que la Iglesia es “sacramento universal de salvación”. León XIV explicó que esto significa que la Iglesia es signo e instrumento del Reino de Dios, aunque no se identifica plenamente con él. El cumplimiento definitivo de la salvación llegará solamente al final de los tiempos, cuando toda la creación alcance su plenitud en Dios.

El Pontífice también advirtió sobre el peligro de absolutizar las instituciones eclesiales. Señaló que, al estar insertas en la historia, las estructuras de la Iglesia necesitan una conversión y renovación constantes para responder fielmente a su misión evangelizadora. Según el Papa, toda reforma auténtica debe conducir siempre a anunciar a Cristo y no a centrarse en sí misma.

En otro momento de la audiencia, León XIV destacó la importancia de la comunión de los santos, recordando que la Iglesia une a los creyentes que peregrinan en la tierra con aquellos que ya participan de la gloria celestial. Esta comunión se expresa especialmente en la liturgia y en la oración por los difuntos, fortaleciendo la esperanza cristiana y la adoración a Dios.

Finalmente, el Papa dirigió un saludo especial a los peregrinos de lengua española y exhortó a vivir con una “mirada sobrenatural” de la realidad, arraigados en la fe y sostenidos por la esperanza. Invitó a los cristianos a no dejarse absorber por lo pasajero ni por las dificultades del camino, sino a convertirse en signos vivos de la salvación de Dios en medio del mundo.