Lectio divina dominical –Mateo 28,16–20

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Lectura:

El texto de Mateo 28,16–20 constituye la escena final del evangelio y pertenece al género discursivo exhortativo y de envío misionero. La narración ocurre en Galilea y en un monte, lugar simbólico de revelación en Mateo. Allí los discípulos adoran a Jesús, aunque algunos todavía dudan, mostrando una comunidad marcada por la fe y la fragilidad humana. El centro del relato es el discurso del Resucitado. Primero declara su autoridad universal: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. A partir de la resurrección, la misión de Jesús se expande más allá de Israel y se dirige ahora a todas las naciones. Por ello entrega la misión mediante cuatro verbos: ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar. El evangelio culmina con la promesa: “Yo estoy con ustedes todos los días”, cerrando la obra con el tema de la presencia permanente de Jesús junto a su comunidad.

Meditación:

Muchas veces pensamos la misión cristiana solo como transmitir enseñanzas religiosas. Sin embargo, Jesús pide formar discípulos que aprendan a vivir según su ejemplo. La fe implica transformar la vida cotidiana, las relaciones y la manera de amar y servir. Mateo muestra además que los discípulos experimentan dudas y fragilidad, pero aun así Jesús les confía su misión. Esto recuerda que la evangelización no depende solo de capacidades humanas, sino de la presencia constante del Señor. La promesa “Yo estoy con ustedes todos los días” sostiene al creyente en la familia, el trabajo y las dificultades diarias. Cada bautizado está llamado a manifestar con gestos concretos de amor, paciencia y servicio que Cristo sigue presente en medio del mundo.

Oración:

Señor Jesús, gracias porque permaneces conmigo todos los días y no me abandonas en medio de mis dudas y debilidades. Enséñame a vivir como verdadero discípulo tuyo, guardando tus enseñanzas con amor y coherencia. Envía sobre mí tu Espíritu Santo para que ilumine mi mente, fortalezca mi corazón y me ayude a anunciarte con mi vida cotidiana. Haz que en mis palabras, acciones y decisiones otros puedan descubrir tu presencia viva y tu amor.

Contemplación – compromiso:

Hoy procuraré vivir mi fe como discípulo misionero en un gesto concreto de amor, paciencia o servicio hacia alguien cercano. Recordaré durante el día que Jesús permanece conmigo y que el Espíritu Santo me acompaña en cada situación cotidiana.